Hasta el 5 de enero La Pedrera acoge una de las exposiciones más interesantes de la ciudad: “Bill Viola. Espejos de lo invisible“. La exposición, primera antológica de Viola en Barcelona presenta a modo de retrospectiva toda la creación de este videoartista, desde obras icónicas como The Reflecting Pool (1979) hasta Mártires (2014). Una trayectoria alineada con la evolución de la tecnología del vídeo a lo largo de los últimos cuarenta años.

Sin duda, un gran homenaje a este artista que fue Premio Internacional Cataluña en el año 2009 reivindicando los lazos del videoartista estadounidense con Cataluña y reforzar así la presencia que históricamente ha tenido la videocreación con la ciudad de Barcelona.

La figura de Bill Viola (Nueva York, 1951)

Bill Viola es uno de los artistas más destacados y prestigiosos a nivel internacional, uno de los pioneros del videoarte en cuya obra destaca el uso de la tecnología para mostrar la búsqueda del sentido de la condición humana y la naturaleza transitoria de la vida, el eje temático de toda su obra. El nacimiento, la muerte, el dolor, la redención o el paso del tiempo son aspectos recurrentes en sus piezas, unas creaciones sin palabras donde la imagen se siente, se escucha, se remueve, desvela emociones y genera estados de ánimo.

Su rasgo característico es el movimiento ralentizado y en bucle, técnicas con las que consigue que el espectador se sumerja en un mundo interior, se despierte su alma. Además el resultado siempre es de gran intensidad y de extraordinaria belleza, siendo piezas únicas y conmovedoras.

Su obra es una constante pregunta sobre las grandes cuestiones de la condición humana conectadas con la contemporaneidad. Sus obras captan lo sutil de lo intangible a través de una poética de la imagen que bebe tanto del arte oriental como del occidental, pero también se adentra en tradiciones filosóficas del misticismo cristiano, el sufismo islámico y el budismo zen. En definitiva, y como dice su mujer Kira Perov “todo el trabajo de Viola va de emociones, de lo sensible, de lo más profundo de la persona humana“.

Ruta Bill Viola

La muestra de La Pedrera es la más grande en número de piezas, pero se puede hacer una Ruta Bill Viola ya que diferentes espacios acogerán también obras del videoartista:

· Bòlit, Centre d’Art Contemporani (Girona)

· Museu de Montserrat

· MEV – Museu Episcopal de Vic

· PLANTA. Fundació Sorigué

Conferencia Bill Viola: Proceso creativo en La Pedrera

El viernes 4 de octubre La Pedrera acogió la conferencia “Bill Viola: Proceso creativo” a cargo de Kira Perov, directora del estudio Bill Viola, co-comisaria de la exposición y pareja sentimental de Bill Viola desde 1978. En la conferencia habló de la producción de algunas de las obras de Bill Viola así como de la influencia que los avances tecnológicos han tenido en su obra. Fue especialmente significativa la profundidad de Kira a la hora de explicar el proceso creativo, los bocetos, las investigaciones, los cambios de última hora y toda la creación en grandes estudios de cine de Hollywood que son requeridos en algunas de las obras de Bill. Fue una conferencia de gran valor ya que no es muy común que artistas de la talla de Bill Viola expliquen su proceso creativo.

Noche Bill Viola en el Liceu y el Palau de la Música Catalana

El pasado miércoles 4 de diciembre, desde las 18:00 y hasta la 01:00 de la madrugada se celebró la Noche de Bill Viola. Una noche para ver de manera gratuita la exposición en La Pedrera, y disfrutar de proyecciones de algunos de sus trabajos en el Gran Teatro del Liceu y en el Palau de la Música Catalana.

Yo me acerqué al Gran Teatro del Liceu y la experiencia fue sublime, un teatro a oscuras, una gran pantalla en el escenario y las obras de Bill Viola adoptaron un halo de misticismo aún mayor que en una sala de exposiciones. Las obras que se proyectaron en el Liceu fueron: Fire Woman (2005), Tristan’s Ascension (2005), Isolde’s Ascension (2005), Passage into night (2005) y Becoming Light (2005).

Bill Viola: Espejos de lo invisible en La Pedrera

La comisaria de la muestra es su mujer y pareja artística Kira Perov y Llucià Homs, con el asesoramiento de Víctor García de Gomar. En el espacio de exposiciones de La Pedrera se muestran un total de 20 obras, un itinerario a través de diferentes períodos de la obra de Bill, empezando por sus primeras creaciones donde se filmaba a sí mismo y utilizaba su cuerpo para estudiar la naturaleza de su propia existencia física.

· Primeras obras

Caracterizadas por el grano, la falta de nitidez y una policromía poco real que muestran unas tentativas de querer llevar al límite los elementos técnicos.

La primera obra de la exposición es Incrementation (1996) donde cuenta cada una de sus respiraciones enfrentándose a su propia mortalidad. Vemos un monitor en blanco y negro con el rostro de un hombre, el propio artista, y al lado un contador de leds rojos conectado al monitor indica el número de respiraciones audibles que realiza el hombre. El contador alcanza las nueve cifras, lo que le permite mostrar el equivalente de una existencia humana de ochenta y cinco años. El gran místico sufí persa Rumi escribió: “Mientras respiramos, el alma se nos escapa poco a poco de la cárcel de este mundo“.

En The Reflecting Pool (1977-1979), empezó a utilizar el agua como metáfora de la reencarnación, el vídeo comienza con un estanque en primer plano en mitad de un bosque y un hombre se acerca caminando. Se queda de pie ante el estanque, salta y de pronto el tiempo se detiene. La escena está inmovilizada pero seguimos viendo las ondas de la superficie del agua, es decir, el agua es el único espacio que marca el paso del tiempo ya que el cuerpo suspendido en el aire se va desvaneciendo y fusionándose con el bosque. En algunos momentos podemos ver el reflejo de personas ante el estanque, tras siete minutos vemos salir a un hombre desnudo del estanque y marcharse. Esta obra, en 1977 fue muy innovadora, ya que Bill Viola forzó los límites de la tecnología de ese momento y mostró cómo el tiempo fluía hacia delante y hacia atrás mientras el cuerpo se desvanecía.

En Heaven and Earth (1992) vemos una columna de madera desde el suelo hasta el techo cortada en la parte central para acoger dos monitores contrapuestos y separados por escasos centímetros. En el monitor superior vemos un primer plano de una mujer de edad avanzada a punto de morir, en la inferior un primer plano de un recién nacido. Ambas figuras serían su madre que murió en febrero y su hijo que nació en noviembre de 1991. Como las superficies son de cristal, podemos ver una proyección reflejada sobre la obra, de modo que la vida y la muerte se reflejan y una contiene a la otra.

La finitud es exactamente la esencia del hecho de estar vivo. Nace una criatura y, al momento, la mortalidad se presenta ante nuestros ojos. Bill Viola

The Sleepers (1992) es una videoinstalación con siete bidones metálicos de 200 litros llenos de agua con un monitor dentro de cada bidón. La única luz de la sala procede de los propios bidones, su luz tenue azulada se expande por la sala. Los bidones están llenos de agua y en el fondo el monitor proyecta imágenes en blanco y negro, el primer plano del rostro de una persona que duerme, todas son diferentes, grabaciones reales de gente dormida, prácticamente sin editar y proyectadas en bucle. A veces los durmientes se mueven o cambian de postura, pero sin despertarse, cada uno aislado de los demás en su propia pantalla individual sumergida. De nuevo, Bill Viola utiliza el agua como metáfora, el agua sería el espacio que hay entre la vida y la muerte, dado que Bill siempre piensa que hay vida después y estamos hechos de agua desde nuestra concepción.

· Década 2000

Las obras de esta década ya se caracterizan por un avance de la tecnología: pantallas planas, una revolución en la creación de imágenes en movimiento. Bill rápidamente giró las pantallas colocándolas en formato vertical, se dio cuenta que eran ideales en formato retrato. El monitor había sido antes un aparato en forma de caja, pero ahora con las pantallas planas el interés por el estudio de las emociones creció y tomó la pintura renacentista como modelo para sumergirse en los aspectos del color, la forma, la composición, y sobre todo el humanismo.

The Quintet of the Astonished (2000), cinco personas de pie y juntas experimentan un sentimiento de emoción profunda que parece que tenga que terminar abrumándoles a todos. Al comenzar tienen una expresión neutra, pero poco a poco, de manera individual se puede ver como la emoción invade al grupo en conjunto y aumenta hasta llegar al punto álgido, volviendo a menguar minutos después y dejando a cada persona rendida y exhausta. Las personas exteriorizan por separado la fuerza creciente de la emoción, sin prestar atención al resto del grupo ni relacionarse con ellos. Gracias a la cámara lenta podemos distinguir los detalles más insignificantes y los cambios expresivos más sutiles -de la risa al llanto- creando un espacio psicológico subjetivo donde el tiempo se mantiene en suspenso tanto para los intérpretes como para los espectadores. Las emociones llegan y desaparecen de una forma tan gradual que es difícil decir dónde empieza una y termina la otra.

Anima (2000) se presenta a modo de tríptico de vídeo con tres pantallas planas situadas verticalmente, la obra estudia cuatro emociones primarias -alegría, pena, rabia y miedo- que se manifiestan a cámara muy lenta en el rostro de tres personas. A modo de retratos aparentemente fotográficos, podemos ver como cada persona refleja las cuatro emociones una tras otra mediante una gradación expresiva continua. Aunque a primera vista parezcan fotografías, los sutiles cambios de expresión y los pequeños movimientos como el parpadeo de los ojos muestra que en realidad es un vídeo. Los gestos son demasiado lentos para ser perceptibles por el ojo humano durante los ochenta y dos minutos que dura la grabación.

Surrender (2001), es un díptico formado por dos pantallas planas de plasma. En cada pantalla aparecen separadamente las imágenes de un hombre y una mujer, que alternan de pantalla cada vez que se repite la proyección. El que aparece en la pantalla inferior está cabeza abajo de manera que parece el reflejo especular de la imagen superior. Al principio de la proyección parece que quieren acercase uno al otro, pero sus movimientos revelan la presencia de una superficie acuosa debajo, después de tocar el agua les invade la expresión de pena y angustia y de pronto la imagen del cuerpo se rompe, lo que refleja que lo que veíamos no eran los cuerpos reales, sino su reflejo en la superficie del agua. Una “imagen de una imagen” fragmentada y deformada que cada vez se fragmenta más hasta que los cuerpos se deshacen en simples motivos abstractos de luz y color.

He acabado dándome cuenta de que el lugar más importante en que cobra vida mi obra no es en una galería de un museo, ni en una sala de proyección, ni en un televisor, ni tan siquiera en la pantalla de vídeo, sino en la mente del espectador que la ha visto. De hecho, solo puede existir aquí. Bill Viola

Catherine’s Room (2001), políptico con cinco pantallas planas que nos ofrece una mirada íntima a la habitación de una mujer sola que realiza actividades cotidianas durante todo el día. Cada pantalla representa un momento diferente del día: la mañana, la tarde, el atardecer, el anochecer y la noche, en todas ellas vemos una ventana al exterior, donde se distinguen las ramas de un árbol y donde podemos ver las diferentes estaciones del año, el ciclo de la naturaleza. La vida se desarrolla al otro lado de la ventana y representa otra gradación temporal, de manera que ya no vemos solo el transcurso de un día sino de un año con los ciclos de la naturaleza. Viola entregó a la actriz que interpreta a Catalina una anotación después de haber visto Mater Dolorosa, San juan y las mujeres piadosas de Galilea del pintor Hans Memling que decía “Hacer una obra para las monjas, para la mujer que tiene visiones, que busca el consuelo en su propio interior, que encuentra la compañía en una habitación vacía o en la naturaleza bajo un cielo vacío”. Es interesante ver como las diferentes escenas son una exaltación de la vida cotidiana en la que Catalina se mueve de manera consciente en el sentido budista, es decir, su atención se centra completamente en las tareas cotidianas que está realizando, convirtiéndolas así en una práctica espiritual.

Study for Emergence (2002), donde vemos dos mujeres a ambos lados de una bañera de mármol, de pronto su silencio queda interrumpido por una especie de premonición de la mujer más joven que mira hacia la bañera y observa como de ella emerge la cabeza de un joven y luego todo su cuerpo, derramando el agua por el suelo. El joven no parece pertenecer ni al mundo de los vivos ni al de los muertos. El agua capta la atención de la mujer más mayor situada al otro lado de la bañera que levanta la vista para contemplar el milagro. La joven toma uno de los brazos del hombre y lo acaricia como si fuera un amor perdido, el hombre acaba incorporándose totalmente pero de pronto se tambalea y cae, la mujer mayor lo coge al vuelo con ambos brazos y con la ayuda de la joven lo tienden en suelo y lo cubren con una tela. La mujer mayor rompe a llorar mientras la joven estrecha el cuerpo con ternura. La escena remite claramente a la obra de Masolino da Panicale “Cristo in Pietà” (c.1424) pero con el añadido del componente de agua como elemento que amplía el sentido e incluye conceptos de trascendencia y renacimiento.

Three Women (2008) de la serie Transfigurations donde Bill utiliza una cortina de agua y de luz para crear un umbral que deviene una metáfora del tránsito de la vida a la muerte y viceversa, ya que una madre y dos hijas se acercan lentamente a esa barrera invisible de agua, primero la madre atraviesa la cortina de agua, el umbral de la vida y la muerte y se adentra en un espacio de luz, poco a poco la hija mayor también accede y finalmente la hija más pequeña, las tres se nos muestran, pero en un momento comienza el camino contrario, el camino hacia la muerte, en primer lugar la madre vuelve a atravesar la cortina de agua para arrastrar posteriormente a su hija mayor y finalmente a pesar de la perplejidad del rostro de la hija pequeña, ésta también acaba cruzando el umbral y desapareciendo como figuras espectrales en blanco y negro. En esta obra Bill Viola alude al místico sufí Ibn ‘Arabi que definió la vida como un viaje sin fin “El ser es un océano sin orilla. Contemplarlo no tiene ni principio ni fin, ni en este mundo ni en el siguiente“.

Venimos de la oscuridad y vamos hacia la luz cruzando el umbral del agua. Volvemos al lugar de donde venimos. El agua es misteriosa y mágica, provoca el cambio y la renovación. El umbral representa el movimiento, el ciclo del nacimiento y de la muerte. Kira Perov

Martyrs (Earth Martyr, Air Martyr, Fire Martyr, Water Martyr) (2014) para la catedral londinense de St. Paul. Si el término griego del que deriva “mártir” significaba originalmente “testigo”, actualmente los medios de comunicación nos han convertido a todos en testigos del sufrimiento de los demás. Por ello la vida activa de los mártires del pasado puede ayudarnos a iluminar nuestras inactivas vidas modernas y a ilustrar la capacidad humana de soportar el dolor, el sufrimiento e incluso la muerte. Si el mártir de la tierra aparece sepultado bajo un montón de tierra e inmóvil, poco a poco la tierra cobra movimiento y se levanta golpeando fuerte al mártir viviendo el tránsito de la muerte a la luz. En el mártir del aire vemos a una mujer colgada por las muñecas y atada al suelo por los tobillos, inmóvil, el aire cobre movimiento y golpea su cuerpo con gran virulencia, de nuevo vemos como ese violento embate simboliza el momento del tránsito. En el vídeo del mártir del fuego vemos a un hombre sentado en una silla, y el fuego lo empieza a envolver con llamas cada vez más altas, pero él permanece en su determinación hasta que llega el momento del tránsito a la luz. Por último, en el mártir del agua vemos a un hombre colgado por sus tobillos que se va elevando mientras el agua lo golpea y, al igual que los otros mártires, acaba viviendo el momento del tránsito de la muerte a la luz.

La exposición cierra el círculo con un autorretrato Submerged (2013) y con la sensación es que el artista nos ha hecho más preguntas de las que nos ha respondido, y es que Bill Viola propone sus obras como preguntas a nuestro propio espacio intimo estando en un lugar público al mismo tiempo. En esta pieza vemos al artista sumergido en un lecho de agua, con los ojos cerrados y sereno, el agua ondula su cuerpo y representa el cambio, el paso del tiempo (que no deja de fluir) y la eternidad, una metáfora de lo que está por venir, del nacimiento y el renacimiento, del bautismo y del reflejo. Sin duda, los retratos de agua son inquietantes porque el agua no es el medio natural de los seres humanos, pero en ella se nos muestran personas soñadoras que parecen sentirse a gusto en este mundo acuático, personas capaces de sobrevivir misteriosamente sin necesidad de respirar.

Meterse en una obra no es difícil; abandonarse a ella define que ésta es eficaz para cada espectador individualmente.  Kira Perov

Es interesante como cada visitante percibe las obras de Bill Viola, los efectos que genera de forma consciente o inconsciente, espectadores que viven la obra como un momento íntimo, como un medio de consuelo en un momento difícil, para otros en cambio se torna un espacio de meditación, contemplación y revelación. Sin duda una lectura extraordinaria de unas obras que, no olvidemos tratan un tema universal: la vida y la muerte. Mediante la imagen en movimiento nos transporta, con el sonido o con el silencio nos envuelve. Lo que es indudable es que nos absorbe, estemos dentro de una videoinstalación o delante de una pantalla, las obras de Bill Viola tienen esa capacidad, despiertan ese interés de ver qué va a pasar después gracias en muchas ocasiones a una imagen paralizada.  Y es que los trabajos de Viola nos llegan de una manera simple, directa, comprensible, pero en realidad están abiertos a múltiples lecturas, tantas como espectadores de la obra. Sorprende como el poder evocador de las obras de Viola ha llegado a cuestionar en muchas personas la necesidad de renovar la iconografía religiosa, plantearla desde lenguajes artísticos contemporáneos ya que carece de sentido que las imágenes de culto, que deberían despertar devoción, sean de siglos pasados y no próximas a nuestro tiempo.

Solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos. Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.

Tras su paso por La Pedrera…
Aunque la andadura de esta exposición finaliza en Barcelona el 5 de enero, a partir del 5 de febrero habrá una nueva oportunidad en Madrid, concretamente el Espacio Fundación Telefónica acogerá esta muestra hasta el 17 de mayo.